Escuela de feminismo

por Susana Merchán

Feminismo: Movimiento social que lucha por la realización efectiva de los principios de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

Esa es la definición de feminismo. Punto. No es considerar a la mujer por encima del hombre, no es tratar de recortar al hombre sus privilegios para dárselos a la mujer, es una cuestión de igualarlos, sí, pero igualarlos por arriba.

Soy matemática y durante la carrera siempre he tenido más compañeros que compañeras. Muchos más profesores que profesoras. Mi director de Tesis ha sido, por supuesto, un hombre. En el último congreso al que fui había 21 conferenciantes hombres y una sola mujer. Cuando he tenido que enfrentarme a la burocracia (más veces de las que querría, por cierto) me he encontrado muchas más secretarias que secretarios y ningún hombre de la limpieza ha pasado nunca por ninguno de mis despachos. Tampoco ninguna mujer de mantenimiento.

¿Estamos peor preparadas? ¿Decidimos dedicarnos a otras cosas más acordes a nuestra feminidad? ¿Alguien sabe qué significa exactamente feminidad y si es de uso exclusivo de las mujeres? A mí me parece que hay una pregunta mucho más importante; ¿dedicarnos como nos gustaría a nuestra carrera profesional implica dejar de lado otras cosas que los hombres no tienen por qué abandonar? Creo que no estamos peor preparadas, de hecho, es cierto que ahora hay más mujeres que terminan carreras de ciencias (60%). Sin embargo, según va avanzando la carrera investigadora ellas se van quedando en el camino; un 45% de los doctorandos son mujeres, un 37% de los que obtienen contratos postdoctorales son mujeres y solo un 34% de los IP (Investigador Principal) en Proyectos internacionales son mujeres. En las 50 universidades públicas en España sólo hay 4 rectoras (8%). (Los datos son del Informe de mujeres investigadoras del CSIC). ¿Es esto diferente en las cuatro paredes en las que trabajamos o estudiamos cada día?

Entrar en la Escuela es entrar en un mundo de hombres, de hombres ingenieros, en particular. En nuestra Escuela el porcentaje de alumnas matriculadas en el curso 2016-2017 fue de un 28%, poco ha subido esta cifra desde 2003 que era de un 26,2%. He estado analizando también la proporción de profesoras e investigadoras (PDI) que hay en la Escuela (por aquello de ser matemática y parecerlo aportando números) y el panorama es bastante desolador. Ingeniería Civil: Construcción: 19.44%, Hidráulica: 16%, Transporte y territorio: 31,91%, Ingeniería y morfología del terreno: 15% (media de sus cuatro subdepartamentos), Ciencia de los materiales: 23%, Matemáticas: 32%, Mecánica de Medios continuos y Teoría de Estructuras: 4%. (Los datos se han tomado de la web de la Escuela). Pues eso, desolador.

En el departamento al que pertenezco (el de matemáticas) se hizo una encuesta entre el PDI y PAS para votar qué nombres de científicos-ingenieros se pondrían a las aulas de informática que utilizamos para dar clase (que hasta ese momento se llamaban aula 1, 2 y 3).

Intercambiamos unos cuantos correos donde se barajaban varios nombres de científicos clásicos y ex profesores notorios de la Escuela. Por supuesto, todos hombres. Hasta que un profesor escribió un correo que sólo decía: “¿Llevará alguna sala el nombre de una matemática/ingeniera?”. Contestamos 5 mujeres a ese correo; de las cuales 2 estábamos de acuerdo en que una de las salas debía tener nombre de mujer y las otras 3 pensaban que debíamos votar únicamente pensando en la aportación científica y no teniendo en cuenta el sexo. Yo creo que el hecho de que de una lista de 20 candidatos científicos célebres sólo haya 2 ó 3 mujeres no es casual. Es evidente que ha habido menos mujeres científicas célebres a lo largo de la historia, además, la mayoría pertenecían a clases sociales altas y muchas de ellas han tenido que hacerse pasar por hombres para ser escuchadas y tomadas en serio. Este hecho (más allá de la anécdota) me parece que ilustra bastante bien cómo están las cosas hoy en día, ¿es importante valorar a las mujeres en las disciplinas científicas? Sí, pero parece que basta con meter un par de nombres en el saco y no quejarse si no salen porque, total, son muy pocas frente a muchos y no hicieron nada comparable a lo que hizo Euler, por ejemplo. Además, creo que aquí no hay que olvidarse de que poner nombre a las clases no debería tener como único objetivo no confundir las aulas sino que deberíamos aprovecharlo como recurso educativo para los alumnos, para que cuando se dé clase en el aula Hipatya uno se pregunte quién fue y qué es lo que hizo.

Me piden que dé consejos a las futuras ingenieras o científicas, y yo, más que consejos, creo que es más útil que cada una reflexione y se haga las preguntas necesarias; ¿ha tenido que ver tu género en la elección de tu carrera profesional? ¿crees que va a tener que ver en el desarrollo de la misma? ¿sospechas que vas a tener que renunciar a, por ejemplo, ser madre cuando lo desees (si es que lo deseas) por tu carrera profesional? Si has contestado sí a alguna de esas preguntas la siguiente es más difícil, ¿cómo crees que puedes cambiar eso? La respuesta es compleja y, lo más decepcionante, no es inmediata. Pero pienso que debemos creer en la lucha del día a día. Yo creo en ella. Ir quejándonos todos los días y no uno de golpe, que no nos dé vergüenza educar si es necesario educar sin importar el rol desde el que lo hagamos: profesoras, alumnas, madres, hijas, hermanas, nietas, compañeras de clase,… Y no sólo nosotras, también ellos, los feministas (afortunadamente cada vez hay más) no perpetuando ciertos comportamientos de paternalismo, no quedándose callados, no rebelándose por nosotras sino luchando a nuestro lado. El feminismo debería dejar de ser una cuestión de opinión.

Por mí y por todas mis compañeras.

Este artículo pertenece al número 108 de la revista correOcaminos, de temática feminista, repartida en la ETSICCP UPM. Susana Merchán es profesora del departamento de matemáticas y punto de contacto de género en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos. Puedes leer el número completo aquí: